Científicos estudian 51 alternativas para ganar la lucha climática
MORELIA, Mich., 6 de agosto de 2026.- Los dinosaurios desaparecieron tras el impacto de un asteroide hace 66 millones de años. Hoy, la Tierra enfrenta una nueva crisis de biodiversidad que, a diferencia de las cinco grandes extinciones del pasado, tiene un protagonista distinto: la actividad humana. La pérdida acelerada de hábitats, el cambio climático, la contaminación, la sobreexplotación de los recursos naturales y la introducción de especies invasoras están llevando a miles de plantas y animales al borde de la desaparición.
La magnitud del problema ha sido documentada por organismos científicos internacionales como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), responsable de la Lista Roja de Especies Amenazadas, y por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), respaldada por la Organización de las Naciones Unidas. Sus evaluaciones coinciden en que el planeta atraviesa una pérdida de biodiversidad sin precedentes en la historia reciente y que el ritmo de extinción es muy superior al que ocurriría de manera natural.
Actualmente, la Lista Roja de la UICN registra más de 49 mil 500 especies amenazadas de extinción, lo que representa cerca del 28 por ciento de todas las especies evaluadas. Entre las principales causas destacan la deforestación, la expansión agrícola y urbana, la contaminación de ríos y océanos, la caza y la pesca excesivas, además de los efectos cada vez más visibles del cambio climático sobre los ecosistemas.

Gráfica: Proporción de especies amenazadas por grupo taxonómico, según la UICN.
Los datos muestran que algunos grupos enfrentan una situación especialmente crítica. Alrededor del 44 por ciento de los corales de arrecife evaluados están amenazados; les siguen los anfibios, con 41 por ciento; los tiburones y rayas, con 38 por ciento; las coníferas, con 34 por ciento; los mamíferos, con 26 por ciento; los reptiles, con 21 por ciento, y las aves, con 11 por ciento. Estas cifras reflejan el porcentaje de especies en riesgo dentro de cada grupo, y no una distribución del total de especies amenazadas en el mundo.
Entre las especies más emblemáticas que hoy luchan por sobrevivir se encuentran la vaquita marina, considerada el mamífero marino más amenazado del planeta; el ajolote mexicano, cuya población silvestre continúa disminuyendo; el rinoceronte de Java, del que sobreviven apenas unas decenas de ejemplares; el tigre de Sumatra, el orangután de Borneo, el gorila oriental, la tortuga carey, el elefante africano de bosque y el leopardo de Amur, todos afectados por la pérdida de hábitat, la caza ilegal o la creciente presión humana sobre sus ecosistemas.
La desaparición de una especie no solo significa perder un animal o una planta. Cada una desempeña un papel fundamental en la naturaleza. Algunas polinizan cultivos, otras dispersan semillas, controlan plagas, mantienen saludables los arrecifes de coral o ayudan a conservar el equilibrio de bosques y océanos. Cuando una especie desaparece, los efectos pueden extenderse a todo el ecosistema e incluso afectar actividades esenciales para las personas, como la producción de alimentos y la disponibilidad de agua.
A pesar del panorama, los especialistas coinciden en que todavía hay motivos para la esperanza. Diversas especies han logrado recuperarse gracias a programas de conservación, la restauración de hábitats y el combate al tráfico ilegal de fauna. Sin embargo, los científicos advierten que el tiempo es un factor decisivo. Las acciones que se emprendan durante los próximos años podrían definir si miles de especies continúan formando parte de la vida en la Tierra o pasan a la lista de aquellas que solo podrán conocerse a través de fotografías, fósiles y registros históricos.




