A 24 AÑOS

 

@vsamuelpalma

 

 

Para Luis Donaldo Colosio el aniversario del PRI siempre fue una fecha estratégica. Como candidato presidencial en ese año de 1994, la ocasión sería propicia para definir propuestas y animar su campaña a la siguiente etapa, una vez que estaba por concluir un primer recorrido por todo el país. Sin embargo, el día del aniversario era el 4 de marzo, y como se pensaba en una magna celebración, Colosio estimó que no resultaba conveniente colapsar la zona de Reforma e Insurgentes de la Ciudad de México, en un día viernes; por ello determinó que el domingo 6 sería mucho más propicia para llevar a cabo el evento en el Monumento a la Revolución.

 

En ese momento, en esa inflexión de su campaña, Colosio quiso hacer un recuento de pronunciamientos y propuestas, definiciones hechas a lo largo de sus recorridos, es el caso de su proclama de pasar de las buenas finanzas nacionales a las buenas finanzas familiares, o de superar la soberbia del centralismo, entre otras ideas fuerza; también la ocasión se le percibía idónea para atisbar el futuro ¿Cuál había sido el papel del PRI en la transformación democrática de México? ¿En qué momento nos encontrábamos? ¿Cómo proyectar el destino?

 

La tesis del cambio con responsabilidad y rumbo fue síntesis de una línea estratégica para establecer que su candidatura planteaba una transformación profunda, sin saltos al vacío; un cambio sustentado en el conocimiento y experiencia sobre los avances del país y, especialmente respecto de sus urgentes necesidades. El punto de partida, un México con hambre y sed de justicia; las vías para emprender su transformación lo era la reforma del poder, la construcción de un gobierno de las responsabilidades y de las respuestas efectivas para jóvenes, mujeres, campesinos, obreros, clases medias, empresarios grandes y pequeños. Una reforma del poder que no solo atendería la estructura democrática de los poderes del Estado, sino que involucraba el poder del ciudadano y la ética política.

 

Con ello debía quedar claro que el PRI no se planteaba como un obstáculo a la transformación democrática de México, sino como su principal impulsor. Una campaña y una candidatura que repudiaba sustentar sus posibilidades de éxito en el apoyo del gobierno, formulándole a éste la demanda de cumplir las responsabilidades que le eran propias y en contraparte el imperativo que el partido y la campaña realizaran el cometido que les correspondía. Colosio quería impulsar desde ya la competencia política, no en vano había convocado previamente al debate entre candidatos, y se esmeraba en defender la autonomía de su campaña ante el gobierno.

 

El discurso para Colosio no era un mero instrumento testimonial, para él significaba el bastión de su campaña, el eje que abría camino y obligaba; un imperativo que debía convertirse en líneas de observancia y compromiso. El discurso para abrir camino y convencer, para definirse desde lo personal: provengo de una cultura del esfuerzo y no del privilegio, era más que una expresión, un rasgo de identidad.

 

Colosio estaba por cerrar su primera fase de campaña, iría tras la segunda etapa después de semana santa, preparaba la postulación de candidatos a cargos de elección popular y la expresión regional de sus propuestas, iba tras el debate y la construcción de su victoria. La vida no le alcanzó, quedaron sus discursos y las imágenes de un artero asesinato.

 

Colosio era un reformista como lo acreditó en su paso por el PRI y en el testimonio de las resoluciones de su XIV Asamblea, también había dejado constancia de ello en sus afanes como Diputado Federal en la LIII Legislatura y como funcionario público; en ocasión de su gestión como Secretario de Desarrollo Social, sentó las bases para los programas sociales, el impulso a las 100 ciudades, una visión modernizadora para la vivienda y una concepción del desarrollo con tres características: social, regional y sustentable.

 

No cabe duda, Colosio hubiese preservado en la reforma del poder como instrumento vertebral para la transformación democrática y social de México. Hubiese reiterado su compromiso ético tal y como lo mencionaba: cala más el ejemplo que la palabra.