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Foto: Especial

Opinión/Leopoldo Sánchez

 
| 17 de Abril de 2017 | 8:43
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Es muy difícil hacer compatibles la política y la moral.

-Sir Francis Bacon

 

 

 

EL PRI Y EL PODER

 

 

Si bien es cierto que el PRI se encuentra en el peor momento de su historia reciente, quienes se empeñan en responsabilizarlo de todos los males ocurridos en México durante, nada menos, que los últimos setenta años, olvidan que fue precisamente este partido el que le dio a México estabilidad política y gobernabilidad cuando, en 1929, su fundador el general Plutarco Elías Calles acabó con el caciquismo y las ínsulas de poder que campeaban a lo largo y ancho del territorio nacional, pero además, creó instituciones torales para la incipiente vida institucional y económica del país como el Banco de México – cuyo primer presidente fue Gómez Morín, el fundador del PAN -, los bancos Ejidal y Agrícola. Construyó varias e importantes carreteras como la México Acapulco, las primeras presas y sistemas de riego, impulsó la educación mediante la creación de numerosas escuelas rurales y activó la Reforma Agraria entre otras acciones nacionalistas y visionarias. Cabe mencionar que tocó a Calles enfrentar y aplacar la insurgencia cristera, con un saldo de miles de muertos. Si bien, una vez culminado su período como presidente se las arregló para continuar al mando de la vida política de México hasta 1936, cuando el general Lázaro Cárdenas se sacudió el tutelaje del “Jefe Máximo” a quien obligó a salir del país, es importante subrayar que este hecho no afectó la gobernabilidad ni la estabilidad y, menos aún, la vigencia y el  desarrollo de las instituciones creadas por Calles, que con Cárdenas no solo subsistieron sino que se fortalecieron de manera importante como la Reforma Agraria, el resuelto apoyo a los trabajadores del campo y de la ciudad, en particular los ejidatarios que entonces trabajaban y hacían producir la tierra que les entregó el Estado, no como ahora, que se han convertido en fraccionadores y especuladores inmobiliarios como a todos consta, a lo que hemos de agregar su decisión y acto de gobierno más trascendente: La expropiación petrolera, sumada a la expropiación de los ferrocarriles y la creación del Instituto Politécnico Nacional.

 

A Cárdenas sucedió Ávila Camacho quien, después de conciliarse con el Clero, no alteró mayormente el rumbo y vigencia de las instituciones; restableció las relaciones diplomáticas con la Gran Bretaña y con la Unión Soviética, estableció el servicio militar obligatorio, decretó la congelación de rentas a favor de las familias modestas y le entregó el poder a un civil: Miguel Alemán, el cual se ocupó de frenar la Reforma Agraria mediante la creación del amparo agrario, lo que no permitió que las organizaciones campesinas agrupadas en torno al partido oficial, perdieran fuerza y vigencia. El Alemanista Fue un régimen que prohijó los privilegios de la clase política y empresarial y en el que la corrupción de los hombres del poder en connivencia con el sector privado, alcanzó niveles sin precedente. Su mayor mérito, además de una importante obra de infraestructura, fue la construcción de la Ciudad Universitaria, sede de la UNAM, que hoy día es motivo de orgullo para México.

 

Alemán entregó el poder a Ruiz Cortines, quien de inmediato metió en orden a los políticos y empresarios corruptos heredados de su antecesor y gobernó con austeridad republicana, con acusada sensibilidad política y social y con la mayor probidad, retomando los principios y programas de la Post Revolución, de manera que el país siguió creciendo al amparo de las instituciones creadas a partir de Calles  y Cárdenas. Expropió importantes latifundios de extranjeros en el norte del país y estableció precios de garantía para los granos básicos; amplió de manera importante las redes de energía eléctrica sin descuidar la infraestructura carretera. Ruiz Cortines otorgó el voto y derechos plenos a la mujer mexicana.

 

Al igual que quienes le antecedieron, el presidente Ruiz Cortines designó como su sucesor a don Adolfo López Mateos. Eran los tiempos de “el tapado” en los que el presidente saliente era el gran elector, pero también eran tiempos en los que la política  y los políticos, estaban al servicio del país, de la gente. Tiempos de la Post Revolución Nacionalista, cuyos líderes  contaban y actuaban en torno a un proyecto de Nación. Fue así que Adolfo “El Joven” quien, sin duda, fue el presidente más carismático y popular de la historia reciente de México – La gente lo quería y respaldaba en todo y para todo-. Se declaró de “izquierda dentro de la Constitución”, se opuso a todo intento de privatización del petróleo y de los recursos naturales del país, posicionó de manera destacada la política exterior de México, impulsó todavía más el reparto agrario, protegió el salario y las condición de los trabajadores, si bien hubo de enfrentar la huelga ferrocarrilera heredada de su sucesor, la cual concluyó con la intervención del ejército y la aprehensión de Demetrio Vallejo y Valentín Campa y fue durante su gestión cuando tuvo lugar el secuestro y muerte del líder agrario Rubén Jaramillo Y, no obstante, el presidente reconoció y propició la participación de los partidos de oposición en el Congreso. López Mateos continuó con una importante obra de infraestructura carretera, grandes presas y distritos de riego, consolidó las principales instituciones sociales del país, y lo más destacado: Nacionalizó la industria eléctrica, vital para el crecimiento industrial de México y de la economía en su conjunto.

 

Para entonces, llegó al poder Gustavo Díaz Ordaz con amplia experiencia política y administrativa. Fue un mandatario sumamente autoritario e intransigente por lo que su administración vivió el clímax del presidencialismo priísta, Continuó con las instituciones heredadas de sus antecesores orientando sus decisiones ahora en beneficio de la derecha y reprimiendo toda protesta contra el régimen, Las organizaciones de izquierda entonces en la clandestinidad  como el Partido Comunista, sus líderes y organismos sufrieron la más encarnizada persecución durante su  gobierno. Díaz Ordaz continuó con la obra material que requería el país, en especial la previa a los Juegos Olímpicos; inició el Metro,  promulgó la Ley del Trabajo, redujo la edad para ser ciudadano, frenó el reparto agrario, fortaleció a la agricultura privada, privilegió la inversión extranjera e impulsó la Economía en su conjunto logrando tasas de crecimiento de entre el 6 y el 8%,  Tlatelolco es un referente ambivalente para Díaz Ordaz: El tratado de Tlatelolco, que proscribió las armas nucleares en América Latina fue y sigue siendo un aporte en verdad valioso para la paz mundial, mientras que la noche del tres de octubre del 68,  también de Tlatelolco, constituye el evento más oprobioso, lamentable y reprobable de su gobierno y de la historia reciente de México. ( continuará )