El proceso electoral avanza e inician las guerras sucias para acabar con los adversarios políticos. Encontramos día a día fake news, bulos o troles en redes sociales que descalifican a ciertos actores de la política, que lo único que producen es desinformación o notas falsas, sin fundamento y pruebas que acrediten lo que ahí se publica. ¿Lo que lees en estas líneas, coincide con la realidad?

En efecto, tenemos como uno de los derechos humanos a la Libertad de Expresión, descrito en el artículo sexto de la Constitución Política de nuestro país. La Comisión Nacional de Derechos Humanos destaca que: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas, ya sea oralmente, por escrito, o a través de las nuevas tecnologías de la información, el cual no puede estar sujeto a censura previa sino a responsabilidades ulteriores expresamente fijadas por la ley”.

Hagamos de este derecho, una herramienta útil con responsabilidad y ética profesional, nuestra democracia necesita realmente conocer a las y los candidatos que participan en el proceso electoral, es por ello, que se debe actuar con veracidad, pluralidad, imparcialidad, objetividad y distinguir una opinión ante un hecho cierto o falso.

Las instituciones electorales regulan principalmente los tiempos de actuación en radio y televisión de las candidaturas, ya sean con partido político o independientes; pero ahora con el uso de las nuevas tecnologías de la información y sobre todo, con la gran la cantidad y variedad de medios informativos y de opiniones o análisis digitales, se debe tener en cuenta la información fáctica y ofrecer, en su caso, el derecho de réplica.

La tendencia de la prensa digital o impresa en cualquiera de sus modalidades, debe ser respetuosa de las audiencias, para garantizar su derecho a estar bien informadas. Si queremos fortalecer nuestra vida democrática y que los próximos comicios electorales sean transparentes, todos los actores debemos conducirnos apegados a las normas electorales y a nuestros propios códigos de ética.