Nada personal
Nadie se acuerda de ella cuando hay calma y los problemas son manejables. Pero si a México se le viene el mundo encima por ataques bestiales como los de Trump y en el interior crecen pobreza, inflación, inseguridad, desempleo y las fuerzas sociales se enfurecen, entonces son elevadas preces por ella.
Hablamos de la unidad, tan apreciada por la expansión de sus dones en comunidades democráticas y tan olvidada por dictadores y políticos que crean élites y desdeñan a pueblos anhelantes de paz y buen vivir.
En México se acuerdan los políticos de la unidad cuando inician campañas, en pos de puestos públicos y prebendas derivadas de fondos provenientes de los impuestos. Y cuando trepan al poder, se olvidan de la unidad. Al revés, procuran dividir a los electores para impedir exigencias colectivas.
A partir del 20 de enero de este año llegó a la Presidencia de Estados Unidos el peor prospecto de gobierno que se recuerda en ese país, Donald Trump.
Es un individuo con ínfulas de dictador y similares características a las de Adolfo Hitler. Además de misógino hace gala de su racismo y quisiera construir una raza pura en su país y hacerla tan poderosa como lo fue en decenios, según sus locos propósitos.
Debido a su credo torpe, Trump persigue a migrantes y descarga su odio y frustraciones en ellos, principalmente en los mexicanos.
Supone que con su pretendido muro entre EUA y México va a contener a las mareas humanas. No admite que los migrantes llegan a su país por aire, con visas legales, o por el Pacífico y el Atlántico, incluso por Canadá. Lo ciegan sus odios.
El gobierno mexicano creyó que Trump cambiaría en cuanto asumiera el poder y sería posible elaborar programas con él sobre comercio, migración y otros. Esto no sucederá, mientras él tenga el mando.
Ante los embates contra los mexicanos, el presidente Peña Nieto ha invocado a la unidad, la cual se desbarató hace lustros, a causa de una partidocracia ambiciosa de poder y dinero, insolente, e incluso de bajos instintos.
El primer mandatario deja entrever que no busca la unidad en torno a su persona o a su gobierno. No le creen porque la población ha sido relegada al olvido y a las miserias, durante muchos años.
Lo peor: Nuestro señor Presidente se ve impedido a convocar a la unidad, si en una reciente encuesta sólo alcanzó 12% de aceptación, en la república.