Los resultados de la jornada electoral del 5 de junio en Aguascalientes, Durango, Tamaulipas, Oaxaca, Hidalgo y Quintana Roo, en donde se eligieron cuatro gobernadores y dos gobernadoras, dan para un análisis muy detallado, sin embargo de manera general podemos revisar los resultados en términos de lo que fue la participación de la alianza opositora conformada por PRI-PAN-PRD versus el partido oficial Morena.
De los seis estados en disputa, en cuatro se conformó la alianza: en dos de ellos ganó y en los otros dos ganó Morena. No está mal el empate.

Veamos los Estados donde gana la alianza: Durango y en Aguascalientes se gana con una cómoda ventaja de 15 y 20 puntos respectivamente. En Durango hay que decir que Morena se dividió y dejó fuera a un candidato muy competitivo; en Ags. el PAN refrendó su hegemonía.

Veamos en donde pierde la alianza: en Hidalgo Morena ganó con una ventaja cómoda de 30 puntos de diferencia, ahí la división del PRI propiciada por la imposición de la candidata y los acuerdos con el gobierno inclinaron la balanza, el PRI derrotó al PRI vía Morena; en Tamaulipas la diferencia hasta ahora es de solo 6%, una competencia cerrada en donde el partido oficial utilizó todos sus “apoyos” para quedarse con el estado.

En los otros dos estados en donde no hubo alianza, Oax. y QRoo., Morena se llevó la gubernatura con una ventaja cómoda de 37 y 40 puntos sobre el segundo lugar. En Oax. la competencia fue contra el PRI y en QRoo. contra el PAN-PRD. En ambos la participación de los gobernadores salientes deja mucho para pensar en acuerdos con el gobierno federal.

En los tres estados en donde Morena obtiene una diferencia grande, Oax.,QRoo. e Hgo., coinciden en que la votación de los adultos mayores, el 70% lo hizo por Morena. Ahí los programas federales les funcionaron muy bien.

Finalmente el gran ganador de las elecciones fue el abstencionismo. La participación fue muy baja, esto es preocupante y lamentable. Para decirlo de otro modo: de cada 4 ciudadanos, solo uno respalda al ganador, los otros tres no lo respaldan, por no haber votado o por haberlo hecho en contra. Esos estados tendrán gobernantes con muy poco respaldo y legitimidad democrática.

El saldo más positivo de la elección fue la demostración, una vez más, de la fortaleza de las instituciones democráticas de nuestro país: el INE y los organismos estatales (OPLES) que se encargaron de organizar, de forma implacable, los comicios del 5 de junio. Sin duda el INE y los OPLES estatales salieron muy fortalecidos y demostraron su competencia, imparcialidad y profesionalismo. Hoy en México tenemos un sistema electoral que funciona muy bien, dando certeza a los procesos. Esto es muy importante ante la reciente embestida que han soportado por parte del gobierno federal y sus aliados.

Las elecciones estatales nos muestran la presencia que regionalmente tienen los partidos en lo individual; en algunos estados el PAN tiene la fuerza, en otros el PRI y en otros Movimiento Ciudadano, pero nadie por si solo podrá ganar el 2024. La suma de los tres anteriores y lo que pueda sumar el PRD en todo el territorio nacional puede marcar la diferencia de cara a la elección presidencial del 2024.

Sin duda la suma de partidos por si sola no basta, hay otros factores que son decisivos: el proceso de selección de candidatos para evitar rupturas y no dejar heridos en el camino, por mencionar algunas.

Esta alianza podrá ser efectiva, si y solo si, se plantea un proyecto de país incluyente construido desde la ciudadanía. Anteponiendo en serio, el interés general sobre los intereses particulares.

Lo que está en juego es la posibilidad de recuperar y reconstruir al país después del destructivo tsunami de la llamada 4T.