Tecnología Pop: Deepfakes
Esta semana en un grupo de Facebook encontré la siguiente pregunta:
“Busco persona que me pueda hacer un trabajo de redacción, SIN USO DE IA (es un artículo)”.
Sí. Leíste bien. Lo que esta persona quería es que alguien más hiciera la tarea por ella. El artículo era para un estudiante de Odontología.
En las Universidades (y toda la educación) estamos viviendo un momento de quiebre muy importante. La educación actual sigue siguiendo la misma estructura que la de la época Victoriana que se presentaba como un modelo pensado para formar obreros y empleados que siguieran instrucciones. Por eso, aprender a leer y escribir en ciertos formatos o aprender ciertas fórmulas matemáticas son centrales en los modelos educativos actuales. Todo esto lo podemos hacer con un lápiz, papel y ábaco o a través de dispositivos electrónicos. Es decir, prohibir herramientas no resuelve nada si no cambiamos por qué y cómo estamos evaluando; la escuela sigue pidiendo productos terminados cuando debería de estar formando el pensamiento de los alumnos.
La empresa Open AI lanzó el 30 de noviembre de 2022 la inteligencia artificial (IA) ChatGPT. Como otras IA, es un modelo de lenguaje que genera respuestas a partir de las instrucciones del humano (i.e. el prompt), del contexto disponible y de patrones aprendidos durante su entrenamiento. Es decir, ChatGPT simplemente generará textos a partir de probabilidad de instrucciones entregadas. Aun así, los estudiantes lo están utilizando como fuente de consulta para aprender sobre temas. Pero hagamos una prueba, le pregunté a ChatGPT (6.1 Sol Light) ¿a qué sabe un limón?, y esta fue su respuesta:
“Un limón sabe principalmente ácido, con un toque cítrico y fresco. Su jugo puede hacerte salivar y fruncir la boca; la cáscara y la parte blanca tienen un sabor más amargo.
Yo no puedo probarlo: lo describo a partir de cómo las personas expresan esa experiencia”.
Y así como la IA no puede probar un limón, tampoco nos ayudará a aprender de Odontología. La razón es que el estudiante que utilice la IA para entregar una tarea no habrá pasado por todo el proceso de aprendizaje (lectura, abstracción de conceptos, articulación de ideas, sustentar argumentos, etc).Pero parece tan sencillo usar la IA, que los humanos estamos dispuestos a descargar en ella nuestra conciencia y terminar con esos procesos tardados de lectura, de generación del pensamiento crítico. Siguiendo la estructura victoriana de la educación actual, los profesores les dicen a sus estudiantes que “está prohibido usar la IA”, pero les siguen dejando ensayos en computadora que revisan cualitativamente. Algunos parafrasean a la IA y otros, como la persona con la que inicié esta columna, le pagan a alguien más. Todo antes de realizar el proceso de aprendizaje necesario que les dará las herramientas suaves para la vida profesional: toma de decisiones, articulación de conceptos, etc.
Entonces, la persona que estaba buscando que alguien escribiera el artículo “sin IA” no le temía a la tecnología, sino a que la descubrieran (mal) utilizándola. Ese es el problema central del que tenemos que hablar. Porque prohibir la IA en la Universidad o los celulares en la primaria es la respuesta victoriana al problema: pensar que controlar la herramienta solucionará el problema, cuando no se está cambiando el proceso. Mientras en la educación sigamos evaluando productos terminados, siempre habrá una máquina o un tercero dispuesto a fabricarlos, evitando que el alumno atraviese el proceso que es lo que le dará la experiencia necesaria para resolver problemas futuros. Debemos de pensar en formas de trabajar con la IA, porque ignorarla en el aula no ha impedido que aparezca en las tareas y actividades de los alumnos. La IA puede describir a qué sabe un limón, nuestro trabajo como profesores es que los estudiantes no se conformen con la descripción.