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¿Qué impedimentos tiene un Juzgador para resolver un asunto?
La esperanza tiene nombre, no todo está perdido y un halo de luz inimaginable para todo morelense despunta desde el centro de Temixco para la modalidad de violencia más cruda en cualquier sociedad: el maltrato infantil.
El Centro de Asistencia Morelense para la Infancia (CAMI), coordinado por el Sistema para el Desarrollo Integral de la familia (DIF), realiza una titánica, intensa e importante labor para devolverle a niños ultrajados la fe en vivir.
A este centro ingresan desde los más brutales casos de violencia física al abandono emocional y tras sus muros es difícil imaginar la posibilidad de volverles a colocar un horizonte a su corta existencia.
Con instalaciones sobradamente dignas, impecablemente pulcras por la higiene, mantenimiento permanente y una administración sobresaliente el CAMI, sin temor a errar, es uno de los mejores sitios para rehabilitar pequeños en el mundo.
Con una población de 60 niños rescatados actualmente, el CAMI destaca además por el empeño de los responsables de su funcionamiento, de inicio por su directora la psicóloga Yurica Ríos Quintero, quien es colmada de abrazos a lo largo del recorrido por los pequeños rescatados.
Los servicios en esta institución no son escatimados, por lo contrario, deslumbra el área de dormitorios, la estancia para lactantes, la escuela incorporada al sistema educativo, los servicios médicos, psicología, aunado a una capacitación continua. Sin embargo mas allá de conocimientos y habilidades cada integrante en la comunidad al servicio de los niños debe ser un emisor de amor, tolerancia y comprensión.
Estas instalaciones fueron inauguradas en 2015 por iniciativa de la presidenta estatal del DIF, Elena Cepeda de León. Actualmente las edades de los menores albergados ahí fluctúan entre el mes y medio hasta los 12 años de edad.
Sin embargo, este albergue no es un orfanato, es un centro de atención temporal donde la prioridad es rehabilitar a menores que llegan aquí con historias desagarradoras desde golpes, vejaciones, bebés con fracturas, infantes con genitales quemados hasta niñas ultrajadas. El ingreso es por determinación del ministerio público.
La primera etapa y la más difícil es la recepción de un menor maltratado, el contacto es en el área médica donde comienza la revisión para determinar las condiciones físicas y emocionales del nuevo huésped. Antes de ser asignado a la convivencia con el resto de las niñas y niños pasa por un proceso de valoración donde le es aperturado su expediente y a partir de entonces, comienza un arduo trabajo de reintegración, con situaciones complejas, de las cuales los recién llegados han sufrido tales abusos que es prácticamente imposible hacerlos pronunciar alguna palabra en algunos casos.
La directora Yurica Ríos detalló cada una de las áreas del centro, donde destaca el orden y la precisión donde habitan al menos bajo un ambiente que intenta aproximarse a la protección familiar.
Fue habilitada una sala de reflexión con cama, libros, juguetes y música relajanate para los casos extremos donde el menor maltratado no halla la confianza de liberar sus emociones. Pero en este sitio aunado a una buena dosis de paciencia el efecto permite abrir la coraza más dura.
Los detalles no pasan desapercibidos, entre pasillos, jardínes y edificios no hay una sola muestra de desorden o basura. Los baños y regaderas serían la envidia para cualquier colegio privado. Los dormitorios exhiben calidez, camas dignas, guardarropas saturados de mudas y ningún olor desagradable se percibe.
Mención aparte merece el área de maternal y lactantes. Es imposible no conmoverse al encontrarse con pequeñas criaturas allegados de situaciones, en el menos peor de los casos por abandono. Pero reconforta tomar constancia que son bien atendidos de forma personalizada y devota.
En este sitio prevalecen las áreas verdes, hay lavandería separada entre maternal y mayores de cinco años, además cada niño lleva terapia personalizada con el cuerpo de psicólogos que ahí se desempeñan.
De igual forma se les disponen actividades culturales y recreativas como excursiones o salidas al cine así como torneos deportivos. La misión es que crezcan con una familia bajo el estricto proceso de adopción con protocolos de salas de contactos entre aspirantes a convertirse en padres y los menores.
Incluso una vez que alguna pareja cumple los requisitos para convertirse en tutor legal durante un año se le da seguimiento al menor a fin de constatar su desarrollo.
La labor para erigir y mantener este centro no ha sido tarea sencilla. Los fondos públicos siempre tendrán límite y las aportaciones privadas complementan cuando el equipamiento es indispensable: lavadoras industriales, circuito cerrado, computadoras, cuarto de estimulación, etc.
La gran incognita es ¿cómo lograr que este importante lugar prevalezca a los cambios de gobierno en un país donde la continuidad es cortada por intereses políticos o corrupción?
¿Un bebé con la cadera fracturada no es suficiente razón para que quien continúe con la administración en 2018 tenga un gajo de sensibilidad y no retirarle ni un centavo a este remanso de esperanza, sino al contrario hacerlo crecer ?
Nuestros menores lo merecen.